sábado, 6 de octubre de 2018

Estás Loco


Cada vez que lo intentaba, cada inscripción e incluso en la línea de salida. ¡Estás loco! Son dos palabras que por costumbre repito. ¿Por qué lo hago? O más bien la pregunta más importante que me formulo es la que todos los que practicamos deporte y decidimos probarnos nos la hacemos: ¿Qué Necesidad? Y si, una letra mayúscula para remarcarla, que, sin ser un nombre propio o un país, en ese momento representa para mí más que un continente e incluso mas que toda la vía láctea. Estas palabras retumban en mis nervios y me hacen temblar mientas tirito de frio antes del amanecer, sabiendo que me espera un día muy largo. Respiro, tanto mi miedo como el miedo de ese otro u otra valiente parado a mí lado, sufriendo lo mismo. Nos miramos y asentimos y solo logro ver el vaho de su aliento que exhala como una llama de un dragón en pleno vuelo.

Pero, y de antemano les pido una disculpa, inicié por el final. Llegar a la línea de salida de cualquier evento o competencia deportiva es eso el final y la consecuencia de meses de acciones. Su inicio es mucho antes.

Todo inicia con una inquietud. Y me refiero a no estar quieto, para algunos podría ser motivado por bajar de peso, otros un cambio de hábito y para algunos el simple hecho de intentar algo que nunca habían hecho. Hacer algo por primera vez. ¿cuándo fue la ultima vez que lo hiciste? Ahora si creo que puedo ir en orden y tratar de plasmar lo que es en realidad tomar una nueva decisión, llevarla al final y cambiar tu vida para siempre. Todo y cualquier motivo para vivir esto es valido y para los que lo hemos hecho, cruzar la primera meta es una foto tatuada en nuestra alma. Es un jubilo que arrasa con todo momento de sufrimiento y malestar vivido en el proceso y es tan bondadoso que no distingue en distancias o en deportes. Si, aplica a todo.
No obstante, siendo un deporte y para casi todos, sino que para todos lo que leerán esto, nos educa y nos moldea en nuestras actividades profesionales. Por poner un ejemplo y en mi caso particular mi primer Iron Man me enseño a marcarme metas cortas, no pensar en el final desde el principio. Segmentar mi mejor resultado en una serie de aun mejores resultados que te harán sentir una poderosa satisfacción indeleble al tiempo e incluso a cualquier derrota.  

Así podemos garantizar que el sacrificio valió la pena y no me refiero al día de la competencia, que como lo mencioné antes es solo la consecuencia de varias acciones. Este es el resultado de muchos sacrificios.

Creo que ahora si voy llegando al tema medular: al Sacrificio (Notar que otra vez uso mayúscula) Lo más relevante de esto es que lo decidimos por voluntad propia, nadie nos obliga a imponernos esta serie de metas que implican esforzarse e incomodarse. Queremos llegar a algo. ¿A qué? Muchas veces ni siquiera tenemos noción, mas sin embargo el deseo de podernos colgar la medalla al cruzar la meta es muy adictivo. Decidir correr un maratón, hacer un triatlón o nadar en aguas abiertas requiere de sacrificar cosas, si hay que entrenar mucho, llevar una rutina y probablemente dejar por un tiempo las desveladas o pararse temprano todos los días.

Nuestros antepasados sacrificaban algún animal para pedir alguna recompensa o expiar pecados hechos. Este sacrificio no es diferente tiene su recompensa y es muy grande. Cada uno que lo haya hecho de seguro sabe que ganó y te garantizo que todo aquello que en el proceso sacrificó no aparece en su lista de perdidas.

Te invito a que seas de este selecto grupo de sacrificadores, que tiene muy claro que fue lo que ganó, que, no obstante, el sufrimiento, deshidratación, calor y muchos más malestares, no nada más no lo dejará, sino que está ansioso por vivirlo otra vez.

Esta no es una guía practica de como lograrlo, para ellos hay entrenadores capacitados, esto es solo un mínimo intento de expresar que vas a sentir si lo haces. Hazlo.

domingo, 29 de julio de 2018

Me repartes un recuerdo, ¡por favor!


No era tarde, tampoco temprano. No tanto para salir corriendo de mi casa con el temor a llegar tarde y ganarme otra vez una llamada de atención. Cabe mencionar que, con mi ya casi habitual impuntualidad, estoy rozando el límite y en una de esas me echan a la calle con todas mis cosas, si es que estas “cosas” pueden llamarse así y acceder a esa categoría, ya que mis compañeros mas bien las llaman porquerías. No todo en mi trabajo es malo, hay días que para despertarme trato de visualizar esas escasas cosas que podría decir como buenas, pero reflexionando un poco más, termino solo con cosas menos malas y hasta aquí termino con eso.

Mas bien escribo estas palabras para hablar de otra cosa, la verdad no sé por qué mi impuntualidad y mis cosas serían tan relevantes como para ser el inicio de este relato, pero ahí están y no pienso borrarlas aun que mi mente tan alocada insista en hacerlo. Me pasan mucho este tipo de cosas. Pretendo hacer algo, pero mi cerebro me juzga y en ocasiones me gana, otras no.  Detesto cuando me gana, ya que la razón es cosa seria, estoy tan seguro de que mi cerebro no se divide en hemisferios, como los que saben lo dicen, mas bien yo creo que está separado por lo serio o solemne y lo no serio o coloquial, así de fácil y sin tanta cosa. Me queda claro que la división lógica sería mitad y mitad, pero en mi caso, y creo que en muchos más casos de los que la gente sabe o quiere saber, es ochenta veinte. Ósea, me explico mejor aclarando que ochenta por ciento lo no serio y veinte por ciento lo serio. No al revés como tal ves pensaron que estaba apuntando. No me desvío y les explico a dónde quiero llegar con lo de mi cerebro, la idea es que me entiendan las batallas que mi parte seria tiene que librar, con esa minoría a logrado que lleve una vida rutinaria, ya saben lo típico como estudios, trabajo y pagar la cuentas, pero hasta ahí…. Eso de aceptar cabeza y tener esposa e hijos no le basta, para ello creo yo que mínimo con el treinta. Soy joven aun así que no descarto nada (aclaro que esto último no lo escribí yo).

Recordaba las cosas buenas de mi trabajo, ahí es donde quiero llegar y por una u otra razón solo me desvío, han de pensar que soy un desastre y no tengo idea que escribir y solo ando redondeando frases para hacerme el interesante, aunque les confieso que algo hay de eso. En realidad, todos nosotros lo hacemos. Solo tecleamos y tecleamos cosas para que el conteo de palabras que nuestro aliado y querido Word nos marque y así poder presumir las miles de líneas y palabras que escribimos. Por favor no me juzguen aún, solo esperen y veamos si logro llegar o no, les adelanto que la mayoría de las veces no llego.

¿Ya les platiqué de mi nuevo trabajo? ¡No, verdad! Tantas palabras y no le dije eso… en serio que soy malo en esto. Bueno pues soy repartidor de recuerdos. Si exacto: de recuerdos, leyeron bien. Y por si no saben que es un recuerdo, pues es todo aquello que guardamos en nuestra memoria que no nos acordamos y dejamos ahí guardado en la parte seria. Almacenado y ocupando lugar que impide espacio para más. Por eso al recordarlo lo ponemos en estado neutral desocupando lugar y dejándonos pensar un poco más serio. No me mal entiendan, yo soy el primero que deseo que mi parte seria esta retacada hasta no poder pensar más, pero al final las cosas no funcionan así y nada que hacer con ese tema. Pero como mi trabajo no es aleccionar a nadie y ni pretendo hacerlo voy a dejar de hablar de esto y mejor les cuento más de mi trabajo.

Como yo somos varios, mas bien lo fuimos y como tal ahora nos encontramos en este estado neutro. Podemos ver cosas que ustedes no. Tal vez con esto y con su buena memoria regresan al principio y se cuestionan quien ese ese jefe por qué se requiere puntualidad. Pues se lo aclaro fácil: es un trabajo. Todos tienen horario y jefe. Bueno obvio algunos si eres muy afortunado no.  Mi jefe a su vez tiene otro jefe y así sucesivamente hasta llegar a quien sabe dónde.

Mi problema es que tengo el sueño pesado. Siempre tuve allá y ahora lo he tenido aquí. Ese es mi gran defecto y la razón principal del por que me hallo en este estado y en este trabajo. Lo que me reclutaron están muy al tanto de quienes podemos ser parte de este leal escuadrón de recordantes profesionales desde que fuimos usuarios del servicio. Y, yo si lo fui y por muchos y muchos años. Mi problema y disculpen si soy repetitivo (llevo 828 palabras… son pocas.) es que mi sueño pesado me metió en tantos problemas de los que me era difícil salir hasta que el último no salí más dejándome hasta aquí. No es que era muy activo como para quedarme dormido donde fuera, la realidad es que mi cuerpo era pesado. No por el tamaño, nada más me costaba trabajo moverlo de más. Y mis parpados era los mas pesados, mantenerlos abiertos era un verdadero reto. Y así podría quedarme dormido en cualquier lugar ante cualquier situación. Lo bueno de llevar una vida con más horas de dormir de las que están destinadas es que la parte seria del cerebro está mas activa, aunque les suene incongruente así es ya que dormidos no pensamos en tonterías ni locuras solo soñamos pedacitos de lo que recordamos de lo que tal vez vivimos. Yo dormía mucho y vivía poco, así fue como se me paso la vida y no viví poco, más bien dormí mucho. Disculpen la redundancia, pero si es importante aclarar esto, y si eres de los que duerme mucho y vives poco como yo, pues ya sabes que después puedes aspirar a este trabajito y si eres de los que duerme poco y vives mucho, pues felicidades.

Cada cosa tiene un motivo, mi cosa como la de ustedes también y si me escondo para escribir esto mas vale que sea aprovechado y logre explicar por que pasa lo que pasa cuando de repente y así de la nada nos viene a la mente algo que pasó o pudo pasar. Verán este trabajo es constante, solo que nos dividimos por turnos para poder descansar. Es lógico que un grupo de dormilones lo requiera ¿no creen? No éramos precisamente atletas…  Bueno ven, ahí me desviaba otra vez. No llevo mucho tiempo en esto y con exactitud me es difícil saber cuánto, aquí contamos diferente. Cambié hace poco, ya que soy de los mensajeros jóvenes y con poca experiencia. Lo bueno es que me tocó un gran tutor quién, además de ser condescendiente con mi impuntualidad, me explica con calma bien esta labor para no causar algún mal recuerdo innecesario. Por que los malos recuerdos duelen y si algo me quedó claro de cuando sentía, era lo desagradable del dolor. Es peor causarlo que sentirlo, si eso lo tenemos claro desde allá, seremos mejores mensajeros. Y si  tenemos que hacerlo es por que era necesario y ese dolor tenía que ser sentido, y así las cosas.

No era tarde ni temprano, pero ya por andar perdiendo el tiempo en esto se me hizo tarde, otra vez. De verdad que mi mente, que es ahora lo único que me queda, divaga y se va y viene. Como deseo poder dormir mas y así no estar pensando en tantas tonterías. Me espera un regaño eso es claro, más bien me espera otro regaño a manera de llamada atención. No crean que soy uno de esos descarados que saben que hacen mal y no les importa. Este trabajo es bueno y no quiero perderlo. No creo que se de las cosas que puedes perder. Además, es bonito ver los rostros de la gente que recuerda, y como dice mi tutor: recordar es vivir de nuevo.

No me olvides.



lunes, 2 de abril de 2018

Ustedes





¿Qué hacías ahí Aislada del resto de la gente? Escondida como si cometieras un delito, imprudente. Siento tu tristeza que pasa volátil por lo que era yo. Te veo, vestida de negro y escondida tras un árbol, odiabas ese color; estas más rubia que antes, tu cabello cuelga hasta tu cintura. El dolor intenso de tus ojos me deslumbra y al igual que el sol nubla mi vista.

Ahora y desde aquí me es más claro y bendigo todos los momentos que pasé a tu lado. No te molestes, pero también bendigo los que no. Esa tarde marcó mi vida allá y ahora señala el camino a seguir aquí. Te agradezco por haberte quedado toda esa tarde ahí, por faltar a tus clases es día y los demás y más aún por venir y seguir ahí parada, alejada del resto de la gente, por ese dolor que sientes; que llega a mi como ráfaga de luz. cada lágrima tuya es un balazo a mi alma que no se perfora, las contiene como marcas que me abarcan todo. No llores, por favor. ¿No ves que estoy bien? No me pierdes quizá ahora me ganas más que antes… más que nunca. Tengo la impresión de que te veré más, viviré en ti cada día que recuerdes esas tardes juntos y sepas que ahora tus memorias no son compartidas, no correrás ya nunca el riesgo de lastimarte al encontrarte conmigo, sabiendo que me debo a otra y a otros. Piensa, siente que estoy en tu mente y corazón. En lo que queda de mi estás, plasmada, pegada. Manchas indelebles que vuelan conmigo. Llegan como descargas eléctricas a mí y se esparcen, remedian mi dolor. Son analgésico para el alma y sedante para el dolor de verte desde aquí sabiendo que para mí ya no hay regreso. Tenme ahí, en ti. Contigo. Tú estás aquí, donde vaya, irás.


Ustedes los vivos creen que todo lo que se hace, goza y sufre se desvanece. También que la mayoría de las situaciones se olvidan y las borra el paso del tiempo. Como si las horas fueran poderosos torrentes de mar, chocando con la superficie, desgastando las rocas. Pues no, no son borradas. Ahora aquí te lo confirmo. Solo no las puedes ver estando en ese plano. Se esconden tras una cortina. Un escudo que nos protege de tantos recuerdos que nos dañan, o nos llenan de un gozo enfermizo. Una barrera que tapa nuestra vista, permitiendo solo mirar hacia el frente, y nunca más hacia atrás; por ningún motivo hacia los lados. Ahora recuerdo todo, una gran muralla labrada de recuerdos y sentimientos. Llena de todo aquello que quedó por detrás y a los lados. Lo que no vi y no escuche. De mis actos vergonzosos que hice y que pretendí olvidar. Todas las palabras salidas de lo que era mi boca que dañaron y todas las palabras de los demás hacia mí, que nunca escuché, más sin embargo existen.

domingo, 22 de octubre de 2017

Tormenta

Se oculta el sol, palidece el cielo.

Lo blanco se torna gris.

Sopla el viento fuerte, eleva el polvo,

Tú apareces.


Tú apareces,

Truena el cielo, se inclinan los árboles.

Pido clemencia, comienzo a mojarme

gotas de agua resbalan sobre mis mejillas.

tú apareces.


Tú apareces,

tormenta eléctrica que recorre mis sentidos,

mis pensamientos son un tornado,

un fuerte temblor sacude mis pies.


Tú apareces

miércoles, 4 de octubre de 2017

Sujeto

Mi definición: Yo soy quien desarrolla la acción.

Pero cómo puedo llevar a cabo tan importante, relevante y universal tarea cuando algo me detiene. ¡Exacto! Algo me sujeta.

De estos verbos, adverbios y adjetivos que según me alteran y califican y yo aquí sigo, queriendo estar allá contigo. Caray, esta soga me detiene y asfixia regresándose al principio, siempre al mismo lugar donde todo comienza. Poderosa resortera; entre más recorro más fuerte me zarandea. Reglas ancestrales que rezagan una inminente caída; la vergüenza y la expulsión.

Descubrí tantos verbos al que este sujeto, si, este mismo que debe desarrollar la acción, no tiene acceso. De seguro se encuentran resguardados por altas murallas y en encumbradas montañas.

Cadenas pesadas escritas hace miles de años, enlazadas por letras plasmadas que nos detienen y deciden como debo de ser y actuar. Qué debo hacer y sobre todo lo que no debo hacer. ¿Qué hacer no es un verbo también?


Y yo aquí el sujeto, queriendo estarlo haciendo allá.

lunes, 10 de abril de 2017

Atrapada en estas letras

     No logro entender estas palabras, según me dicen aquí fue donde hace apenas varios capítulos nací. Me compongo de una serie de letras que me definen como ser y marcan mis acciones. Me llevan a donde debo de asistir dibujando el paisaje, poniendo el clima y matizando el cielo. No estoy tan segura el año, o la época en la que vivo y nunca se cuándo es la primavera o el verano.

     Voy conociendo en pausas de mi niñez. Van apareciendo recuerdos en distintos capítulos de mi vida. No soy una persona, o hasta ahora no lo sé; voy uniendo recuerdos y cazando ideas a veces remotas a dónde voy. Busco un espejo, mas no hay ninguno. Hasta ahora lo único que sé es que soy de estatura normal (Cosa que no me dice nada), Cabello negro y largo y unos ojos verdes que intimidan. Vivo sola, en un piso en el centro de la ciudad y esta vez trabajo en publicidad. Al parecer mi jefe es un poco demasiado bueno conmigo. Me faltan muchos datos: Cómo son mis manos, mis ojos serán herencia de mi Padre, si es que tuve uno en algún momento. Mi Mamá me concibió amando o fui solo un resultado de alguna aventura. ¿Hago algún ruido especial al hacer el amor?, ¿haré el amor algún día? Espero que al trascurrir los capítulos de esta aventura lo descubra.

     Mis acciones se van desarrollando en partes, hay ocasiones que tienen que pasar decenas de capítulos para saber qué es lo que hago aquí. Me resultaría mucho más fácil si en pocas palabras me definiera y guiaran para poder terminar feliz. Mas sin embargo nunca es así. Se van uniendo palabras, dando la información necesaria y la menor posible para que la parte de mi vida más interesante ser casi al final. Revelando verdades ocultas en mentiras, lugares escondidos visibles y acciones nunca esperadas dando vuelcos girando por completo.

     Quiero pensar que soy única, irrepetible y que soy un gran personaje. Tengo recuerdos de varias aventuras. He sido heroína de guerra, he refugiado perseguidos en mi ático y en una ocasión descubrí un complot para asesinar al Primer Ministro. Una vez morí tratado de rescatar a un espía que caía en manos enemigas, lo que me dice que soy inmortal y no importan las veces que nazca y muera ya que seguiré protagonizando historias.

      Tengo mucha suerte de estar rodeada de personajes que apoyan a que mis grandes actos se desenvuelvan. Ellos lo hacen más interesante y me aportan información que con sus acciones pintan la atmósfera logrando siempre cumplir con los objetivos. que los ojos que me ven sigan mirando hasta la última página de mi vida.

     Quiero salir. Pensar por mí misma y tomar mis propias decisiones. No estar más involucrada en tantos sucesos. Estoy muy cansada. Avanzar sin rumbo fijo y sin propósito y así, sin que nadie mí me mire, convertirme en fantasma. Ser una más de la gente, pasar desapercibida.


     Supongo que iría cobrando forma. Las palabras se materializarían en mí, formando mi cuerpo y al final todas y cada una de las letras que me han caracterizado serian mi alma y mis recuerdos de una vida pasada donde hice tantas cosas y morí tantas veces.


sábado, 10 de diciembre de 2016

¿Felices?

Voy a tratar de esforzarme y transmitir esta pequeña historia que alguna vez escuche de un hombre sabio. Este, en su afán de crear conciencia en la gente, adoptaba relatos que iban de un momento a otro, de una época a la anterior y sobre todas las cosas, de unas personas a otras. Algunas más afortunadas y otras no tanto.
Este hombre tomó la palabra y en ella mi mente se transportó tal como si yo fuera el protagonista, creando a un personaje secundario, dándole rostro y fuerza ya que este sería mi tatarabuelo. Sus palabras duraron minutos, pero en mi habían pasado décadas transportándome atrás en el tiempo y sobre todo imaginando que le diría a este pariente, ya lejano, de mí y de cómo vivo en la actualidad. Tartaria de encontrar las mejores palabras para describir, ya que de lo contrario perdería su atención de forma inmediata y de loco no me bajaría. ¿De verdad sería tan difícil de creer lo que tenemos y lo que el hombre ha logrado crear en menos de cien años? Tomando como base que llevamos, de lo que está registrado en la historia modera, tan solo unos cuantos miles. Entiendo que el planeta llevará millones, pero en mis clases de historia en el colegio la base eran solo unos cuantos años antes de Cristo. No voy a hacer el cuento más largo y voy a lo que nos concierne:
Un buen día al despertar, siempre lo primero que hago es voltear a mirar a mi bella esposa. Como es notable llevamos poco tiempo de casados, imagino que con los años esta rutina se irá desvaneciendo… Bueno el caso es que a su lado vi lo que me pareció una máquina del tiempo. Tal vez sea inverosímil pensar que así de la nada aparezca algo y recién despertado sepa lo que es, pero en este caso lo supe. Estaba hecha a base de latón, brillaba como un sol en plano cenit. Sus mecanismos eran de una fabricación anticuada y los cronómetros no eran digitales, sin considerar que no tenía un instructivo ni mucho menos una App donde desde mis iPhone lograra controlar, esta no tenía nada. Un sillón de cuero negro y brillante con un pequeño cinturón de lo que creí en un principio estaba puesto para garantizar la seguridad del pasajero. Así nada más un sillón un marcador no digital y dos palancas de latón con agarradera de madera de nogal. Caminé a su alrededor fácil unas ocho veces, no sabía con exactitud que pretendía hacer con esta caminata, era intimidar a la máquina, someterla o solo reconocerla y ella que sepa que estaba a punto de montarla. Pensé que habría una razón por la cual había aparecido así de la nada en mi recamara, ¿tendría yo que ir a algún lado? ¿La historia moderna y futura requería de mi asistencia? Corrí a un álbum de fotos a ver si de casualidad alguna esta borrosa, si alguien de mi familia o incluso yo estaba desapareciendo… ¿Será que tenía que “Volver al Futuro” como Marty Mcfly a unir a mis padres para que yo existiera? No me lo pareció. Continúe con mi caminata intimidatoria, como si el artefacto estaría siendo objeto de un interrogatorio “!No me lo oculte…! ¿qué hacia usted la noche del 19?” pero tampoco lo era. así que hice lo propio y me postré en ese sillón de cuero negro sujetando con mi mano derecha la palanca de madera de nogal. Lo primero que sucedió y de forma automática sorprendiéndome con el sistema de reconocimiento digital y natural que el artefacto tenia, es que solo al sentarme este prendió, no tuve que activar ni encender nada. El cronometro analógico empezó a girar hasta colocarse en la fecha 19 octubre 1887, lugar: el mismo. ¿El mismo? ¿Qué precisión no?... en fin, me dejé llevar al mismo lugar solo que unos muchos y cuantos años atrás.
El viaje duró poco menos de tres minutos, a mi alrededor solo veía destellos de líneas y ráfagas de colores mareándome un poco pero siempre con la tranquilidad que, al tener el cinturón de seguridad, nada me pasaría. Por fin y después de esos larguísimos tres minutos llegué a mi destino. No reconocía nada, de hecho y aunque sabía que mi destino era “el mismo” todo era precisamente lo contrato haciéndolo “no lo mismo” para mí. Decidí confiar en ella y al desabrocharme el cinturón bajé, y para mi asombro otra vez la maquina se apagó solo al no sentirme en ella, ¡wow!
Estaba en un campo, la tonalidad de verdes me sobrepasó creando en mí una sensación de paz única e irreconocible que a mis treinta y dos años nunca había sentido. Los olores eran únicos, frescos y nuevos. El cielo contaba con unas tonalidades azules bárbaras. Por un momento pensé que esta máquina me había llevado dentro de una obra de arte de Claude Monet, a uno de sus más elaborados paisajes jamás igualados. A lo lejos había una pequeña finca. Blanca e imponente, con techos de teja roja y marcos de madera en sus ventanas, realmente bella. A su lado estaba el molino de trigo. Caminé hacia ella, lentamente fui acercándome y de forma sigilosa ya que no era mi intención espantar a nadie y mucho menos que algo me pasara. No sabía a quién visitaría y como estas personas asimilen la presencia de un completo extraño en su propiedad. Ya cerca de la finca vi la construcción que alojaba la panadería, y supe por el olor a esquisto y fresco pan que se desprendía de ella. En ese momento sospeché donde y con quien estaba. Mi abuelo siempre habló de que su abuelo era panadero y de los mejores de la ciudad. Este recalcó que vivía muy a las afueras en su finca donde además de plantar el trigo, lo procesaba hasta hacer las piezas de pan y panes dulces más cotizados de la región. “Será que vine a ver a mi tatarabuelo” Pensé con miedo y mil quinientas dudas. Todas ellas se aclararon cuando al estar ya muy cerca de la casa vi el nombre en el buzón. Ahí estaba yo décadas antes de mi propio nacimiento en la rudimentaria finca de mi tatarabuelo a punto de tocar a su puerta. Después de mucho titubeo, por fin toque la pequeña campana que se encontraba a lado de la puerta, por un lado, deseando que nadie responda y la maquina se prenda sola poniendo es su tablero analógico la fecha en la que originalmente desperté y el lugar: el mismo. Pero la realidad fue distinta una linda señora de ojos nobles abrió la puerta casi de inmediato, como si me esperaban. Me recibió con un “Diga” de la manera más amable que podría ser, creo que le inspiré confianza desde que me miró por primera vez, la sangre llamó y aclamó sus derechos familiares de un pariente suyo que nacería años después. Me quedé atónito y petrificado ya que no sabía ni a quien visitaba y lo único que logré articular fue un “Hola”. A lo que esta amable y adorable señora (nada más que mi tatarabuela) de inmediato me invitó a pasar a su casa.
Estaba de prisa ya que tenía la comida en el fuego, a mi bisabuelo en brazos y además a mis tíos abuelos corriendo por la sala jugando, y no es por decir estos eran inquietos desde niños… Y así estuve con ella un rato mirando como con un niño en brazos, otros tres chamacos corriendo por la sala jugando con unas pequeñas piezas de madera y la comida en la lumbre, la señora tenía todo bajo control y sin ayuda alguna. Mientas probaba la textura y temperatura de la sopa me preguntó que quien era y que se me ofrecía, al mismo tiempo que me solicitó pasándome al bebe que lo cargara. Ahí estaba yo con mi bisabuelo en mis brazos, me sorprendía la cantidad de mocos que tenía y sin contar que me vomitó encima, quien podría decir que su bisabuelo-bebe le había vomitado ¡Solo yo! Antes de revelar mi identidad y tiempo decidí preguntarle por su marido ya que prefería ver la cara de asombro en par y no de forma individual, a lo que me respondió que estaba en el campo a dos kilómetros de distancia recogiendo el trigo. Me tranquilizo el saber que no tardaría en regresar ya que esa tarea la realizaba de las cinco de la madrugada a las nueve de la mañana antes que el calor dificulte la ardua y manual tarea de la recolección. Me platicó también que posteriormente de la recolección desayunaban para pasar todo el día en el horno haciendo las piezas de pan para que de la manera más fresca antes de las tres de la tarde estén en la ciudad vendiéndolas y así para las 7 de la noche regresar con su mercancía vendida y el dinero cobrado. Fue algo impactante presenciar lo difícil que era el trabajo para ellos, era un desgaste físico diario y su única ayuda eran sus dos manos y sus dos pies. Sin contar que además de fabricar su producto les tocaba distribuirlo y cobrar el mismo día de su producción.
Me ofreció un café en lo que esperábamos, todavía en mi estupidez dude en preguntar que cual tenía… a lo que asentí aceptando una taza, misma que tardo cerca de media hora en llegar ya que el grano de café que compraban en el mercado lo molía mi tatarabuela manualmente, pero cuando llegó esta taza, yo nunca había disfrutado de algo tan fresco y natural, me supo limpio y fuerte, y de endulzante bajo en calorías… pues ni pensarlo, contra mi voluntad y dieta acepte miel de abeja para ello. Mi abuela se sirvió una taza también, y sin endulzarlo lo saboreó suspirando después de cada sorbo, como droga llegando al torrente sanguino tras un largo periodo de abstemia. Después de unos minutos llegó mi pariente lejano, sorprendido del moderno y extraño caballero sentado en su sala, alzó una ceja a su esposa en señal de duda. Clásica seña de mi abuelo y hasta mi padre, ¿será que también yo le alzo la ceja a mi esposa? Regresando le pregunté y efectivamente. La genética deja sus rastros.
Finalmente, y decidido les conté quien era y de donde venía. Mi tatarabuelo esta vez no levantó solo una ceja sino más bien ambas y hasta abrió la boca. En un principio sintieron miedo de mí, no sabían si realmente era o pretendía con el fin de hacerles daño, aunque en esa época eran muy contados los atracos y la gente si confiaba en la bondad de la gente, hasta que esta le demuestre lo contrario. No vivían con las defensas arriba y esperando siempre lo peor de los demás, incluso su finca no contaba con grande muros ni rejas para resguardarla. Para este momento los niños ya habían salido solos al jardín, sin que nadie los vigilara ni cuidara de los grandes peligros a que los niños de hoy en día están expuestos. así que nuestra conversación fue más tranquila, yo seguía con mi bisabuelo en brazos, inexplicablemente este bebe conmigo estaba más que feliz y quieto.
Tenían mil dudas, las primeras fueron en torno a lo familiar a los que sin decirles gran cosa resumí diciendo que su descendencia era basta y con gente buena y muy trabajadora, no tenía ningún tema que resolver más que seguir con sus ideales y modo de vida. A lo que mi tatarabuelo me pregunto que como era la vida moderna. Ahí si me explaye con una serie de bondades que ahora contábamos y más evidentes eran para mi después de ver lo duro que trabajaban estos señores para mantener su casa y sin nada más. Su placer más grande era los domingos tomarse la tarde e ir a la ciudad con sus niños a ver algún payaso hacer un show en la calle. La vida era trabajo y más trabajo sin distracciones. así que ahora todo lo que les podría contar era elevado a la milésima potencia y por qué no, presumir un poco la maravillosa época en la que yo, su descendiente, me encontraba. Empecé por mi tatarabuela:
“No sabes tatarabuela mía lo que sería en la época moderna, con tus habilidades como las he visto podrías llevar cientos de casas al mismo tiempo, para empezar, estaría rodeado de aparatos eléctricos que hacen el trabajo por ti, habrá uno que lava y otra que seca la ropa, para así no esperar ni tenderla a la intemperie. Ese café que mueles, ya hay unas maquinitas que con una simple capsula plástica te hacen un café y de mil formas diferentes.  Ya no tendrás que prender carbón para poder hornear tus guisados, ya solo prendes un botón y pones el horno a la temperatura deseada y otro que te calienta las cosas en fracción de segundos. Tendrás mil ayudas todas con nombre “Dora” Licuadora, Lavadora, Aspiradora… y también ayuda domestica que te aminorarán el trabajo y ayudarán a cuidar a tus hijos. Ya no tendrás que iluminar tu casa prendiendo una vela tras otra, un botón prenderá y apagará toda o por partes como tú lo decidas. Tampoco llevaras a tus hijos a la escuela ya que un camión llegará hasta la puerta de tu casa para llevarlos y de igual manera los regresará. Para enterarte de las cosas ya no te reunirás con tus amigas, ellas lo pondrán todo en un base de satos que desde un pantallita negra del tamaño de tu mano podrás ver y así no te perderás de nada, e incluso podrás estar en todos lados sin necesidad de salir de tu casa ¿Qué maravilla no?.  Ya no tendrás ni que ir al mercado a comprar nada, lo pides desde esta pantallita negra que te digo y te llega en cuestión de horas a tu puerta y todo muy fresco, sin contar que hay un atiendo de cosas ya en cada esquina que vende todo lo que requieres y más. Ya casi todos los alimentos son orgánicos y puedes guardar en tu alacena sin temor a que se echen a perder.
Tu tatarabuelo no sabes lo fácil que ya sería tu trabajo. Para empezar ya la gente trabaja en oficinas cerradas con aire acondicionado a la temperatura ideal para que tu cuerpo no se desgaste. Ya no tendrás que ir a cobrar a tus clientes ya que ellos por medio de un botón te mandarán el dinero a tu cuenta bancaria y tú por medio del mismo harás los pagos necesarios para que te manden tus materias primas para la fabricación de tu producto. Vas a tener maquinas, que lograrán que, en vez de producir cien panes al día, haga miles de forma más sistemática y eficiente para lo que tu desperdicio será casi nulo. Ya no tendrás que desmarañarte todos los días ya que las maquinas lo harán por ti. Ya no tendrás que exponerte al sol tantas horas y si lo haces habrá unas cremas protectoras para los rayos UV del sol que te pueden producir cáncer en la piel. Vas a tener mil maneras de distraerte ya sea solo o en familia. En cada casa hay unos aparatos que se llaman televisiones donde se transiten programas de distintas categorías para edades y gustos, así que cada quien podrá tener la suya propia y ver su propio programa sin tener la necesidad de discutir el uno con el otro. Y que les digo para viajar, Unos aviones gigantes te llevan desde una ciudad a otra, un país a otro y hasta otro continente y solo en horas, puede amanecer en un país y dormir en otro. Y de caminar ya olvídenlo, tendrán cada uno un automóvil que los transportará veloz mente de un lado a otro.”
Pausé un poco mi relato para ver si aún contaba con su atención y credibilidad, y en efecto estaban maravillados con todas los bondades que la época moderna traería, un poco nostálgicos que a ellos no les tocaría, pero felices de saber que sus descendientes gozarían de tantos privilegios, y así seguí y seguí hablando de todo lo que tenemos y hacemos desde que nos despertamos hasta que nos dormimos, como convivimos el uno con el otros, hable un poco de las redes sociales, de las computadoras y de cómo la gente se acerca más a los lejanos. Hoy entiendo que omití informar los mucho que esto nos aleja a los cercanos, pero creo que no hubo necesidad de hacerlo, solos los entendieron. Cuando terminé mis tatarabuelos lo poco que me argumentaron era lo felices que deberíamos de ser con tantas bondades. Él le decía a su señora que con todo eso de seguro sus hijos ya jamás se volverían a pelear ni siquiera discutir, ya no tendrían que usar todos el mismo juego rudimentario de madera. Además, cada uno tendría su aparato y juego que evitaría conflictos. También le dijo que a su llegada ella ya no estaría tan cansada y podrías salir un poco más en pareja ya que sus hijos estrían bien cuidados en casa. “Han de ser tan, pero tan felices en tu época” fue lo único que mi tatarabuela dijo.

¿Lo somos…?

¿Quiénes habrá o serán más felices? Ellos o nosotros con tantas cosas.

¿Qué nos espera con tanta abundancia de cosas? ¿Más o menos felicidad?

Ojalá haya logrado transmitir el relato que en minutos recibí de aquel sabio hombre, y quede algún rastro de aquella época en que había menos cosas y la gente era más feliz. No necesitamos tanto para satisfacer nuestras necesidades y al crear tanto de todo lo único que estamos incrementando es la infelicidad, no podemos ya ni decidir que queremos y cuando lo hacemos tenemos mil dudas si esto que decidimos fue lo mejor. ¿Qué paradójico no? El Hombre siempre en busca de crear confort e instrumentos que nos faciliten la vida y seamos más plenos, y lo que tal vez no estamos entendiendo es que muchas de estas cosas están haciendo que crezcamos frustrados e infelices, porque ya no nada más es lo que tengo, ahora lo que no tengo esta tan expuesto que lo mío esta siempre en segunda plana. Ya no es importante a donde vamos, si no a donde no fuimos. Tengamos cuidado y no perdamos camino, el hombre siempre debe buscar ser feliz, y no es necesario rodearse de cosas para ello.