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martes, 15 de noviembre de 2016
sábado, 12 de noviembre de 2016
Ayúdame a olvidar.
Tengo que dejar de
pensar en el ayer.
Mis lágrimas son de
pura sal.
En aquel día que te tuve
que conocer.
Fue una casualidad,
pero así es como debió ser.
Ayúdame a olvidar esos
días juntos, no quiero recordar
Tenerlos duele, debo olvidar.
Ayúdame a no tenerte, ¡cambia
tu sonrisa!
Aleja de mi tu bondad,
tu carisma.
Borra mi memoria con
malos tratos, aléjame.
Hazme odiarte, despreciar
tu paso.
Deshaz lo que
construiste en mi alma,
Haz que se derrumbe
esa base sólida que plantaste en mi ser.
Socaba hasta el fondo,
no dejes nada.
Ayúdame a olvidar.
Déjame a empezar.
sábado, 10 de septiembre de 2016
Realidad?
¿Realidad es
lo que vemos? o más bien lo que sentimos. Será que a lo mejor es lo que
imaginamos o pretendemos. ¿Cuántas realidades podemos tener? La que palpamos o
la que al extender el brazo, tratamos de alcanzar. ¡Mi realidad es totalmente
otra!
Mis ojos
perciben figuras y sombras que, al menos la realidad de los otros,
no están ahí. Todo comenzó cuando aún era un infante, ahí acostado en mi cama
al despedir de mi madre cada noche, ellas llegaban. El primer sentimiento, y
ahora lo entiendo, fue miedo. En ese entonces solo era un dolor de estómago que
subía y bajaba al paso de las sombras y se calmaba al salto de las figuras. Y con
el paso del tiempo servirían para conciliar el sueño, y más adelante me
proveían de la seguridad de sentirme que seguía vivo.
El miedo,
dolor y angustia me hacen acordarme que lo que veía era mi realidad y que aún
respiraba. Al menos de eso no moriría y hasta ahora no he muerto. Seguramente
cuando deje de sentirlos, ya no pertenecerá a la realidad de los demás. Quiero
pensar que al morir o más bien al no ser ya más visto por otros, únicamente lo
que estará en mí será esta realidad y sentimiento que no comparto, queriendo
siempre pensar que será eterna, aun cuando mi cuerpo deje de serlo, pasando a
ser alojado en otra cosa.
Mi vida es muy
normal, en la realidad que sí comparto. Rutinaria agonía que día a día sufro,
hasta el caer de la noche, soledad taciturna que además de proveerme de paz, me
lleva a esta realidad que anhelo algún día solo exista. Así escribiendo esto
ahora me caigo en un hoyo abismal desconociendo su final. Realizo que prefiero
no conocerlo ¿para qué? con nada que anticipar solo me resta esperar y seguir
cayendo.
Seguir
fingiendo una normalidad falsa, un ser que no existe en mí. Con qué facilidad
puedo engañar y actuar la realidad de los demás. Obligación de sentir
aceptación, fingir a plena luz del día y regresar a mí en la oscuridad de la
noche. Cerrar los ojos para poder ver, admirar este mundo que he construido y
seguir tejiendo entrelazando la perfección anhelada; poniéndolo en pausa al
abrirlos regresando a la ceguera de la realidad compartida. A ese mundo
compartido que no es mío, al no anhelar nada en él y no interesarme su evolución
resbala de mí, aferrándome más al otro y anhelando poder cerrar los ojos
eternamente. Así no pausar nunca más, no esperar para poder crecer y ser feliz
en un lugar solo mío. Sin interrupciones ni contratiempos tejer y tejer mi
destino sin compartir, sin fingir y sobretodo sabiendo que lo que veo es real.
domingo, 4 de septiembre de 2016
Mi reto, tu vida.
Todo lo que me
invade del comportamiento de otros, esto que en realidad es un reflejo de mis
más grande miedos. A vivir en plenitud o fracasar, sin importar cuál. Un enojo,
un grito o un reclamo que sale de mí, haciendo un viaje desde lo más profundo y
sordo de mi interior hasta o más externo y peligroso.
Así es como tu
vida se presentó sin avisar, improvisando ante la puesta en escena de la misma
realidad que baña nuestra visión de situaciones. Solo al mirarte mi alma estremeció
al punto de sentir acalambrar mis piernas, quedando sin fuerza para mantenerme
de pie. Un reto único, obstáculo que repite y repite sin importar las veces
saltado, reapareciendo ante mí de manera sistemática y constante, como juego mecánico
interminable diseñado con el único fin de mantenerme dentro, una entrada sin
salida y sin descanso. Eso eres para mí, siempre un reto, una pared alta y lisa,
que al ser escalada, emerge doblando su altura. Espejo de mi ser y de mis temores
más profundos así como el amor que te profeso.
Un reto divino a la vida, puede ser la mía o
la tuya qué más da, en realidad no me importa. Siempre que siga este fuego por
dominar, combustible de mis pasos y oxigeno de mi respiración. Quiero que
seamos felices, quiero que estemos bien y juntos. Sin separarme de ti ni un solo
día, para ver y sentir. Para enojarme y volver a la calma. Para sentir miedo acobijándome
en ti y saber que todo estará, bien o mal.
Enseñarte a
vivir, lo mucho o poco que mis días me han mostrado. Que puedas ver cómo me
equivoco y reflexiono. A caer y levantarnos más fuertes, mas unidos. Que sepas
y a la vez saber que estaremos el uno para el otro, ahora y siempre. Dos vidas
entrelazadas retándose, reflejados en uno en el otro con una simple mirada, una
palabra o el más mínimo contacto.
Eso es ahora mi reto, superar mis
miedos y encaminar tu vida.
martes, 31 de mayo de 2016
Te vi, pero no eras tú.
Te vi, pero no eras tú.
Vi tu cara, pero no eras tú.
Vi tu pelo, pero no eras tú.
Vi tus ojos, pero no eras tú.
Vi tú andar, pero no eras tú.
Vi tu gesto, pero no eras tú.
Pase cerca, muy cerca y te olí, pero no eras tú.
Te vi andar, pero no eras tú.
jueves, 14 de abril de 2016
El Piso 19
Las tardes de viernes en mi trabajo
siempre eran muy aburridas. Esperar a que el reloj marque las seis de la tarde,
era toda una agonía. Colgado en la pared
conservo un reloj de manecilla, mil veces he tratado de quitarlo, pero se
aferra a ella como si fueron creados juntos. El pasar de los segundos activan
un dilatar de mis pupilas uno a uno, como si el mecanismo del mismo se hubiera
trasladado a mis corneas, es insoportable. Muchas veces giro sobre mi silla y
veo la calle, la gente. He llegado a contar la cantidad de coches y sus
colores. He descubierto con que puntualidad llegan unos y se van otros todos los
viernes a la misma hora.
Solo tuve que mirar un poco más
arriba, la esquina del piso 19. Justo a las cinco y puntualmente se prendían sus
luces. Ahí estaba ella, regresando a su silla después de haber activado un
interruptor que me abre el telón a todo un espectáculo. Y así, cada semana,
desde poco antes de las cinco de la tarde y en cuenta regresiva comienzan desde
la tercera llamada hasta la que anuncia el inicio de la obra que me lleva a
pasar la ultima hora de la semana y un poquito más.
Llegue a conocer sus movimientos
a la perfección. El mover de sus brazos cuando habla por teléfono, su caminar manoteando
rodeando su escritorio cuando entraba en alguna acalorada discusión. Supe también
que pedía de comer y de tomar y hasta como pedía su café, llevado a la misma
hora de la tienda de abajo.
Sentí una gran liberación de
cosquilleo del segundero en mis ojos, por fin ese reloj se había desincorporado
de mis corneas. Verla era el pico de mi
semana y de mis días. No sabía su nombre pero sentía que conocía todo de ella. Dos
horas a la semana fueron suficientes para descifrarla. Obediente, puntual,
elegante y gran tomadora de café, eran entre otras sus cualidades. Tenía que
saber más, quería ver mejor y así ayudándome de unos binoculares mi placer se había
ampliado de manera exponencial logrando entender que otra de sus cualidades también
era ser ordenada, su escritorio se veía siempre acomodado y ese portarretratos que
tanto de atemorizaba, mostraba la imagen de una señora mayor.
Mil veces he tratado de cruzar la
entrada de su edifico, los viernes se habían convertido en el momento de la
semana…
domingo, 10 de abril de 2016
Cuando llegué todo había cambiado...
Cuando llegué todo había cambiado, mi jardín, mi
patio y mi vida. No imaginé que una discusión llegara a tal extremo. Fue una más de muchas que
habíamos tenido en tantos años de estar juntos. ¿Qué habrá cambiado? Reflexiono
y me veo de nuevo acalorado en plena plática, o al menos así las llamaba, ahora
lo veo, lo entiendo. Tantas horas y tantas palabras tiradas a la basura sin llegar
a nada. Destructoras de sentimientos para engendrar otros contrarios. Una a una
apilándose en nuestra alma destruyéndonos sin darnos cuenta. Disfrazadas de
ovejas cuando en realidad eran lobos feroces, hambrientos… letales.
Cruzo mi patio
impresionado por lo que veo. La humedad se apodera de mis ojos. No quiero una
explicación… ¡la causa! La imagino… ¿de verdad tenía que ser así?
Sentado en un
rincón apoyo mi cabeza sobre is rodillas, veo el piso. No hay ruido, todo esta calmado… sin querer alzar la cabeza me hundo
en mis ideas, el silencio me ayuda y la calma me inspira. Así, sin ver ni oír, me doy cuenta que de ahora en adelante mi vida
tomará otro rumbo, era un parte aguas, una línea que dividía el pasado de lo que
vendría. Estaba claro tendría que construir cosas más sólidas en vez de perder el tempo en
hacer cosas tan vulnerables.
Tenía
que suceder, una perdida traería muchas otras ganancias. Espero que no sea tarde
y logre reparar mi vida. Mi jardín y mi
patio solo son cosas que por el hecho de serla son reemplazables. ¡Tú no lo
eres! Y yo para ti no quiero serlo. Voy a Buscarte… tengo mucho que
explicar, pedirte perdón por tantas
cosas. Enmendar camino y tener uno de ambos, el mismo.
Sembrar otra
vez con diferente terreno y semilla ¡En
ti! si me aceptas. Cuidaré se ese jardín todos los días, regaré con palabras
¡Ahora si palabras! Con el afán que absorban las raíces y se fortalezcan aferrándose
más al suelo, y su tronco crezca solido
alimentado de atenciones y cuidados
Todo había cambiado pero no cuando llegue esa tarde…
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